Ocultaban sus ojos la tristeza
Y su cuerpo el cansancio de mil años
De amar en el silencio, sufrir daños
Buscando amor y hallando la belleza;
Mas fue belleza esquiva, y en su huída
Lo arrastró al fondo del abismo,
Lo encerró -siete llaves- en sí mismo,
Y así, poco a poco, se consumió su vida.
En el último adios, cuando pensaba
Que lo aguardaba el dolor, y la amargura,
Supo que, en algun sitio, alguien lloraba...
Y su mueca de horror tornó en sonrisa
De ternura sin fin, por la dulzura
De saber que, al menos, alguien aun lo amaba.



Es como una mini-historia en bellos versos. Es increíble la capacidad de resumir lo esencial que deseas transmitir. Esperanzador final. Me encantó!. Marilú.
María Laura dijo...
5 de mayo de 2009 19:18
Siempre hay alguien que nos ama, es bonito recordarlo y saberlo :)
Mariem-1- dijo...
14 de octubre de 2009 09:42